Informe 24 Catamarca

Francisco encabezó un Vía Crucis inédito en una Plaza San Pedro vacía

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Las meditaciones leídas en las estaciones fueron escritas por personas de una cárcel del norte de Italia. Semana Santa inusual para Francisco en el Vaticano.

El Papa Francisco encabezó este Viernes Santo un inédito Vía Crucis en una Plaza San Pedro vacía por las restricciones para frenar el coronavirus. Durante la ceremonia, dio la palabra a ex detenidos, hijos de personas encarceladas y personal de un penal del norte italiano.

De frente a una de Plaza San Pedro iluminada solo con velas, y acompañado por el ceremoniero pontificio Guido Marini, el Papa cedió protagonismo a las 14 meditaciones escritas por personas relacionadas con una cárcel del norte italiano, al punto que no dio el discurso que estaba previsto en el libreto oficial de la oficina de celebraciones papales.

La ceremonia de este viernes marcó, una vez más, el ritmo de las actividades del Vaticano en época de pandemia, con nula presencia de fieles alrededor del Papa, de 83 años. La última vez que un Papa no pudo ir al Coliseo para el Vía Crucis fue en 2005, cuando Juan Pablo II faltó por primera vez en sus 26 años de pontificado debido a las complicaciones de salud que días después lo llevaron a la muerte.

Con rostro notablemente compungido, Francisco encabezó la celebración frente al crucifijo que según la tradición católica salvó a Roma de la peste del siglo XVI y al que el pontífice le encomendó el fin de la pandemia.

La cruz simbólica de la celebración, que fue cargada en estaciones dispuestas alrededor del obelisco de la Plaza San Pedro y en las escalinatas que llevan hacia la Basílica, fue llevada por dos grupos de cinco personas, uno de la prisión que se encargó de escribir las meditaciones y el otro de enfermeros y médicos del Vaticano.

Las meditaciones leídas en cada una de la estaciones fueron propuestas por la capellanía del Centro Penitenciario «Due Palazzi» de Padua, y fueron, entre otros, por una persona condenada a cadena perpetua y por un sacerdote acusado y después absuelto, además de cinco personas detenidas que escribieron una meditación cada una.

«Muchas veces, en los tribunales y en los periódicos, resuena ese grito: ¡Crucifícalo, crucifícalo! Es un grito que también escuché referido a mí: fui condenado, junto con mi padre, a la pena de cadena perpetua«, planteó la persona que escribió la primera estación.

«El tiempo no alivió el peso de la cruz que nos pusieron sobre los hombros, es imposible olvidar a quien hoy ya no estáSomos ancianos, cada vez más desvalidos, y somos víctimas del peor dolor que pueda existir: sobrevivir a la muerte de una hija«, plantearon los padres de una hija asesinada en la segunda estación.

«En mi misión de agente de policía penitenciaria, cada día experimento el sufrimiento de quien vive recluido. No es fácil relacionarse con quien fue vencido por el mal y causó enormes heridas a otros hombres, haciendo difíciles tantas vidas», planteó, en la decimocuarta estación, una guardia penitenciaria.

Antes de la celebración, el Papa había enviado una carta de agradecimiento a las personas que escribieron las meditaciones y les recalcó que es «reconfortante leer una historia en la que viven las historias, no sólo de las personas detenidas, sino de todos los apasionados por el mundo de la prisión».

MinutoUno

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