Informe 24 Catamarca

Los restos mortales del Padre “Panchito” Rojas descansan en el panteón del clero

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En la mañana del miércoles 29 de julio, se realizaron las exequias del Pbro. Francisco Misael Rojas, más conocido como Padre “Panchito”, sacerdote oriundo de La Merced, departamento Paclín, quien sirvió durante casi 44 años a la  Arquidiócesis de Tucumán.
La celebración eucarística fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por sacerdotes del clero catamarqueño, en la capilla del cementerio municipal de San Fernando del Valle de Catamarca.
En su homilía, Mons. Urbanc pidió al Señor “que conceda el merecido eterno descanso de nuestro querido hermano sacerdote Francisco Misael. Varios de los que están presentes han recibido beneficios del ministerio sacerdotal de nuestro querido padre Francisco”.
En el día en que la Iglesia celebra la memoria de Santa Marta, dijo que “nuestro querido padre Francisco ha ejercido ese ministerio de Marta, una mujer muy hacendosa, atenta a las necesidades, pero con el estilo de María. Cuántas veces lo he visto sentado en el fondo del templo, esperando que la gente venga a recibir el sacramento de la Reconciliación en un clima de oración. Es la figura del hombre servicial a ejemplo de Marta y el hombre contemplativo, se la pasaba rezando y después celebraba la Eucaristía”.
“Le vamos a pedir al Señor que podamos emular a este gran sacerdote en su silencio, en su pobreza, en su sencillez, en su desprendimiento”, expresó.
Una vez finalizada la Eucaristía, los sacerdotes presentes llevaron los restos mortales del Padre Panchito hasta el lugar de su descanso definitivo.

Semblanza del Padre Francisco Rojas
El Padre Francisco Misael Rojas nació el 7 de marzo de 1944 en Catamarca, siendo sus padres Don Misael Rojas y Doña Ramona Hortensia Varela. Fue bautizado el 26 de marzo de 1944, en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, La Merced, departamento Paclín; y confirmado el 5 de octubre de 1952, por Mons. Carlos F. Hanlon, Obispo de Catamarca. 
Cursó los estudios en el Seminario Mayor Arquidiocesano Nuestra Señora de la Merced y San José, siendo ordenado diácono el 28 de mayo de 1976, y sacerdote el 10 de octubre de 1976 en la Iglesia Catedral por Mons. Blas Victorio Conrero.
Fue nombrado adscripto de la Parroquia San Joaquín de la localidad de Trancas, y luego Vicario Cooperador en la Parroquia de la Victoria (Santuario de Nuestra Señora de la Merced), el 3 de marzo de 1977. Asumió como Párroco de Nuestra Señora del Carmen, en Famaillá, el 18 de junio de 1983. Fue designado Administrador Parroquial de Nuestra Señora del Carmen, en Villa 9 de Julio, el 6 de agosto de 1985, y párroco de esa misma comunidad, el 25 de marzo de 1986 hasta el 31 de diciembre de 1988, por encargo de Mons. Horacio Alberto Bózzoli.
Fue Director Espiritual del Seminario Mayor Arquidiocesano de Tucumán, desde el 27 de marzo de 2000, y de la Escuela Arquidiocesana San Esteban para el Diaconado Permanente, desde el 4 de junio de 2010, por el Arzobispo de Tucumán, Mons. Luis Héctor Villalba.
También cumplió otros servicios pastorales como Asesor del Consejo Arquidiocesano de Jóvenes de Acción Católica, miembro del Colegio de Consultores de Párrocos, Representante Legal de la Escuela de Manualidades Nuestra Señora del Carmen; párroco consultor, sacerdote adscripto a la Parroquia de Nuestra Señora del Valle de Tafí del Valle en el año 2000. Destinado Vicario Parroquial de la Parroquia Inmaculado Corazón de María, desde el 9 de noviembre de 2001. 
Residió a los efectos habitacionales y de convivencia presbiteral, en la Parroquia de Nuestra Señora de las Gracias, y luego en la Parroquia de San Roque.
Debido a su delicado estado de salud, su familia decidió trasladarlo a su provincia natal, Catamarca, donde falleció el lunes 27 de julio. 
El día de su partida a la Casa del Padre, la Iglesia de Tucumán agradeció “al Buen Dios por habernos regalado en la persona del Padre ‘Panchito’”, y lo definió como “un pastor bueno, humilde y sencillo. Un cura que ha encarnado la misericordia de Dios, siendo fiel al ministerio sacerdotal y entregado a los más pobres, a los enfermos y especialmente dedicado a celebrar el sacramento de la Reconciliación en varias parroquias y por muchas horas de confesionario. Fue un ejemplo de sacerdote para nuestro presbiterio, siempre disponible para todo sacerdote que buscaba dirección espiritual y confesarse”.
Hoy, sus restos mortales descansan definitivamente en el panteón del clero diocesano de Catamarca.

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